ES

[...] Ponerle los cuernos a tu marido no está bien. Pero a veces lo está. Nos dicen constantemente que solos estamos incompletos y que casarse es lo normal, así que nos casamos. Vivimos robotizados, cerebrolavados, religionizados. 

Y luego pasa lo que pasa. 
[...] Tantas veces me abrí de piernas en camillas de hombres expertos en el órganos reproductivos de la mujer, manoseada por tantas manos varoniles de dedos gordos y canosos, que se me hizo rutina. Perdí la vergüenza, perdí, creo, un poco de dignidad, si no toda. El cuerpo de la mujer ha sido estudiado con ahínco por hombres para los hombres. Se meten en las entrañas de la mujer, nos remueven, nos quitan, nos ponen todo lo que haga falta para arreglarnos. Mi marido y yo no podíamos tener hijos y me sometí a todo tipo de pruebas para averiguar qué había de malo en mí. Me metían hormonas, luego me las quitaban. Me daban diferentes tipos de medicamentos. Come esto, no comas lo otro. Me anestesiaban y me inyectaban líquidos fluorescentes. Me anestesiaban otra vez y me hurgaban por dentro, me cortaban cosas, o me aspiraban cosas, ni lo sé. Me metían dedos, agujas y diferentes utensilios por la vagina, para sacar y para meter vaya usted a saber el qué. El día que le tocó a mi marido hacerse pruebas, le dieron una revista porno y le dijeron que se hiciera una paja.
Entonces conocí a mi amante, el amante que no me amaba. Yo tampoco le amaba, pero amaba su vida, su mente libre de cargas, su libertad, su facilidad para estar en el mundo sin escuchar a nadie. Me cegué. Quería ser él, pensar lo que él pensaba, hablar como él hablaba, vivir su vida, estar dentro de él. Y así es como él terminó dentro de mi. Y no fue maravilloso, fue más bien monótono, rápido y aburrido. No me corrí. Pero esa parte la descarto y me quedo con lo que sí me dio. Me dio una nueva visión, me dio alegría, motivación, ganas mover el culo y hacer todo lo que quiero hacer. Y lo que de verdad quiero hacer no es marcarme con un anillo en el dedo, firmar un contrato de por vida, sentarme en un sofá, abandonar mi carrera y criar humanos.
Una gran decepción para mi marido, una revelación para mi. Me mentiste, dice. Sí, pero a mi misma.
EN
[...] Cheating on your husband may not be right. But sometimes it is. We are constantly told that alone we are incomplete and getting married is what you're supposed to do, so we go and do it. We live roboticized, brainwashed, religionized.

And then what happens happens.
[...] So many times I've opened my legs on men's stretchers of specialists on female reproductive organs, fingered with their manly gray-haired fat fingers, that became routine. I lost shame, I think I even lost a little bit of my dignity, if not all. Women's has been greedily studied by men for the men. They get into woman's insides, they stir, they take away, they put in anything they want to fix us.
My husband and I could not have children and I went through all kinds of tests to find out what was wrong with me. They put hormones in me, then they took them off. They gave me different types of medicines. Eat this, don't eat that. They anaesthetised me and injected fluorescent fluids. They anaesthetised me again and rummage inside, they cut things or they vacuumed things? I don't even now. They put their fingers, needles and all kinds of utensils in my vagina to find who knows what.
The day my husband went to get tested, they gave him a magazine and asked him to jerk off.
Then I met my lover, the lover who did not love me. I didn't love him either, but I loved his life, his mind free of burdens, his freedom, his easy way of being in this world listening to no one. I was blinded. I wanted to be him, to think what he thinks, to speak the way he does, to live his life, to be inside him. And that's how he ended up inside me. And it was not great, it was kind of monotonous, quite fast and boring. I didn't come. But that part I put it aside, and I keep what what he gave me - he gave me a new point of few, joy, motivation and the urge of getting out there do anything I want to do. And what I really want to do is not mark myself with a ring on my finger, sign a contract for life, sit on a couch, leave my career and raise new humans.
A huge letdown for my husband, and a true revelation for me. You lied, he said. Yes, but to myself.


THANKS FOR READING <3